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Des
o conectados, pan de todos los días |
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| Por
Marta Isabel Gómez Ruiz |
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Ser
desconectado de los servicios públicos -agua, energía
o teléfono- es una de las realidades de muchas familias y
comunidades de Medellín. Es el caso del barrio El Limonar,
en San Antonio de Prado, donde muchos, además de ser desplazados,
ahora también son desconectados de la energía domiciliaria.
En
Medellín según el consejo municipal, a 2007, 52.968
personas se encuentran sin energía. Empresas Públicas
de Medellín, como una solución al problema, sin perder
dinero, implementó el sistema de energía prepago.
Para muchos, “ha sido una bendición”; para otros,
“les ha tocado cambiar su día a día”.
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| “A
veces uno tiene la plata temprano o la tiene tarde” |
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“Para
mi ha sido muy duro porque hoy tenemos para la luz, pero quizás
mañana no. Y uno, al ver que no tiene luz, prende candela.
A veces, en el día son 3 o 4 tarjetas”. María
Eugenia vive en El Limonar hace 16 años y durante 14 no pagó
la energía: “estaba atrasada con EPM, pero ni siquiera
sé decirle en cuánto”.
Parecida
es la historia de María Elena. Hace 16 años fue reubicada
del Picacho y, aunque dice extrañar a sus vecinos, ya se
acostumbró al sector. Es madre cabeza de familia, tiene 8
hijos, 5 de ellos menores de edad y hace 7 años no pagaba
la energía.
“Tenía
una deuda de tres millones de pesos con EPM, fui a financiar con
100 mil pesos y empecé a pagar, la primera cuenta me vino
de 80 mil pesos y la pague, al segundo mes ya me vino 90 mil pesos
y la pagué pero el tercer mes fue de 300 mil pesos y ya no
tuve y me atrasé”.
Cecilia,
proveniente de La Iguana, también financió su deuda
y aunque empeñó todo su electrodoméstico para
pagar no pudo continuar. “En La Iguana no pagábamos
servicios porque había un fraude y cuando llegué aquí
empeñe todo, la licuadora, el televisor con tal de no dejarlos
mochar”. Desde que le instalaron el medidor, Cecilia
compra una tarjeta de 2 mil o 3 mil pesos, cuando puede, pero sólo
le alcanza para un día.
Cecilia,
al igual que sus vecinos, dice estar resignada con la energía
prepago, pues sus ingresos económicos no le alcanzan para
más. “Tenemos que resignarnos a estar así,
porque nosotros no tenemos para pagar 80 o 100 mil pesos que vienen
en una cuenta de servicio y uno sin luz no es nada”. |
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| Lo
ocurrido ese día |
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El
20 de septiembre del año pasado, Empresas Públicas
de Medellín llegó al barrio El Limonar y suspendió
el servicio de energía a las familias deudoras. En total
fueron 750 familias sin energía, 500 por corte y 250 por
suspensión.
“Amanecí
sin luz. Tenía los servicios cortados y se me habían
llevado hasta la manguera, lo que tenía era contrabando y
eso me cortaron”, recuerda Gladis.
Esa
noche la gente permaneció a oscuras, algunos pocos prestaron
energía con los vecinos y otros prefirieron las velas. Al
día siguiente se realizó la jornada de conexión
prepago y sólo quienes aceptaron el programa fueron reconectados.
Sin embargo, recuerda María Elena, “eran muchas
las familias preocupadas porque no sabían si tendrían
el dinero para comprar las tarjetas” |
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| El
medidor de…energía o de… |
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“El
sistema de energía prepago busca acomodarse al ingreso
de las familias, a la vez que le permite al usuario ser consciente
de su consumo”, explica Mónica María
Ruíz Arbeláez, jefe de Área de Mercadeo,
Transmisión y Distribución de Empresas Públicas
de Medellín.
Al momento,
16.600 familias de toda la ciudad hacen uso del sistema de energía
prepago.
Sin embargo,
en ocasiones sucede al contrario y es la familia que no se acomoda
al sistema, como María Eugenia, quien vive del rebusque
y todos los días se las ingenia para compra la tarjeta
de 2 mil pesos.
“Aquí
vengo desde que me levanto a comprar la tarjeta. Cuando la compró
seco una libra de arroz, pongo aguapanela y hago cualesquier otra
cosita y al rato ya se acaba. Si tengo pongo o sino me quedo a
oscura”.
En su casa
de dos piezas y cocina, María Eugenia organiza las dos
camas, una nevera, un televisor y un fogón, del que ahora
vive pendiente para no gastar más de lo que necesita para
hacer la comida diaria.
De acuerdo
con Empresas Públicas de Medellín, 2 mil pesos equivale
a 20 Kilovatios y dura entre 4 y 5 días, “prendiendo
3 o 5 bombillos, con una nevera y haciendo de comer con gas o
con electricidad moderadamente”, y aunque, “la
idea no es privarse del servicio” sí limita
el uso pleno de ellos.
“Lo
que hace que me pusieron el sistema nos da miedo, si prendemos
el televisor tenemos que apagar el fogón o apagar los bombillos”,
cuenta Cecilia.
Después
de la instalación del medidor, la otra historia es cuando
las familias no tienen para comprar la tarjeta o el sistema está
inhabilitado y permanecen a oscuras. “Anoche fue una
noche”, se refiere María Elena a las noches
en que le toca permanecer a oscuras, una historia recurrente entre
quienes tienen energía prepago en el barrio El Limonar.
“Cuando no tengo los vecino me colaboran para calentar
la comida o sino me toca prender fogón de leña y
en la noche con la vela”.
Selene Cardona
es quien presta el servicio de recarga en el sector, desde las
ocho de la mañana hasta las nueve de la noche. Para ella,
los mayores inconvenientes han sido la caída del sistema
y que la gente no presente la tarjeta con el número del
medidor.
“La
constante queja es que a la hora de la recarga no halla sistema,
ellos no han sido educados para tener algo guardado, muchas veces
porque no tiene y hasta los 2 mil pesos son prestados o muchas
veces por confiados y piensan que siempre va haber y no entienden
que el funcionamiento del sistema es satelital”.
Al respecto
Mónica Ruíz, de EPM, explica que el sistema funciona
como los celulares; es decir, existe la posibilidad de que en
un periodo la familia se quede sin el servicio de energía.
Empresas Públicas
justifica la necesidad de impulsar la cultura del ahorro: “la
idea no es que la familia se quede a oscuras sino que todos los
días eche la monedita que le quedó a la alcancía
y que sea la controladora de su consumo”.
Y la monedita muchas veces no alcanza. Lo que nos obliga a entender
la situación más allá de la cultura del no
pago- Es un problema social atravesado por el desempleo, la educación
y las tarifas costosas de servicios públicos, que obliga
a las familias a acceder de cualquier manera a los servicios necesarios
para subsistir.
En el caso
de El Limonar, el 100 por ciento de los usuarios de energía
era fraudulento. “De hecho el valor mínimo de
la tarjeta, 2 mil pesos, ya indica las condiciones socioeconómicas
de la población”, expresa Efrén Álvarez,
líder del sector.
La energía
prepago, como una manera de controlar el consumo, es directamente
proporcional al número de personas, al equipamiento de
la vivienda y al uso de la energía, explica EPM, al momento
de instalar el medidor.
Las realidades
de las familias de estrato 1,2 y 3, a quienes va dirigido el proyecto
no cumplen con los parámetros. Familias como las de María
Elena, María Eugenia y Cecilia están conformadas
por 8 o más personas, en su mayoría menores de edad,
y en muchos casos en una vivienda viven dos o más familias.
Para el pago
de la deuda, Empresas Públicas de Medellín acordó
con la comunidad que de cada recarga el 10 por ciento se abonaría
a la cuenta. Según EPM, “por el tiempo que sea necesario”.
Es decir,
que por cada 2 mil pesos se descuenta 200 pesos. En el caso de
María Elena, con una deuda de 3 millones de pesos, el pago
sería heredado por sus hijos, pues sus ingresos económicos
solo alcanzan a comprar una tarjeta de 2 mil pesos a la semana.
Sobre esta
situación, Mónica Ruíz dice que “la
propuesta de EPM, es no hacer nada ahí. _-Queremos estimular
la cultura de pago y no es justo con el usuario que toda la vida
ha pagado, que a su vecino que no ha pagado se le perdone la deuda”.
Y resalta
que Empresas Públicas de Medellín lo que vende son
kilovatios y como una empresa de orden municipal necesita costear
el servicio que presta.
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| Nadie
sabe nada y nadie responde |
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El
barrio El Limonar se construyó como un proyecto de vivienda
de interés social para reubicar a las familias de La Iguana,
Picacho, Villatina, El Popular, Santo Domingo y Zamora, que empezaron
a habitar el lugar en 1991.
En principio,
el proyecto era de 2.425 viviendas, pero en realidad se construyeron
2.783. De acuerdo con el libro del segundo Taller Institucional
de Vivienda El Limonar, la infraestructura de los “servicios
públicos sería ejecutada en su totalidad por el programa
de Habilitación de Vivienda de Empresas Públicas de
Medellín entidad que subsidiaria el 50% y financiaría
el otro 50% a 100 meses de plazo”.
Pero
el convenio no se cumplió. Para Efrén Álvarez,
líder del barrio las reformas e incumplimientos a los convenios
se debió a decisiones políticas.
“A
partir del gobierno de Juan Gómez Martínez se modificaron
los acuerdos hechos, entre ellos el convenio que se había
suscrito entre el Instituto de Crédito Territorial (¿?)
–INURBE- , la Secretaría de Desarrollo Comunitario,
en ese entonces, y la dependencia de instalación de las redes
domiciliarias de Empresas Públicas de Medellín”.
Modificado
el convenio, a las familias de estrato uno y dos, sin buenos ingresos
económicos, no les quedó de otra que decidir entre
pagar la cuota de la vivienda, los servicios públicos o sostener
a sus familias. “Entonces las familias decidieron no pagar
ninguna”, expresó Efrén Álvarez.
Empresas
Públicas de Medellín desconoce que se haya realizado
el convenio y expreso el interés de revisar el tema. Resultado
–según Efrén Álvarez – de que no
haya continuidad de los procesos y de no haberse conformado un equipo
encargado de hacer seguimiento a los convenios. |
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| Es
un derecho a una vida digna |
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El
sistema de energía prepago fue implemento por Empresas Públicas
de Medellín después de estudios de mercadeo y, según
Mónica Ruíz, la oferta fue aceptada y solicitada por
los mismos usuarios.
Al
respecto líderes y organizaciones sociales consideran los
servicios públicos domiciliarios como un derecho y no una
mercancía, “por lo tanto el sistema no debe sustentarse
en estudios de mercado”.
Para
Ricardo Toro, abogado de la Personería, en un Estado Social
de Derecho como el colombiano el ser humano es el centro del Estado,
fundado en tres principios primordiales, que él considera,
en este caso, son violados, “el principio de la dignidad
humana, que debe irrigar todas las acciones del Estado; el segundo
es del mínimo vital, entendido como el mínimo básico
para la subsistencia digna de un ser humano y; el tercero, el de
la igualdad a los derechos económicos, sociales y culturales”.
En
este sentido, explica Toro, hay una vulnerabilidad de los derechos
cuando una persona no tiene la posibilidad de acceder a los servicios
básicos esenciales como el agua y la energía para
suplir sus necesidades básicas y “que son propias
del mínimo vital y de la dignidad humana”.
De
igual manera, cuando estas acciones tiene implicaciones en las relaciones
familiares, interpersonales e incluso sexuales.
Mónica
Ruíz menciona que “los servicios públicos
domiciliarios no han sido declarados por la constitución
derechos fundamentales, han sido declarados como servicios públicos
domiciliarios”.
Toro
es enfático al señalar que “la Corte Constitucional
menciona que cuando esos servicios entran en convexidad con el derecho
fundamental de la vida, son derechos fundamentales que tienen que
ser protegidos”. Es decir, cuando por falta de un servicio
público como la energía o el agua se pone en peligro
derechos fundamentales como la salud.
En
estos casos, explica Mónica Ruíz, “es el
Estado el que declara emergencia social en la vivienda y es el Estado
el que define que el servicio se debe suministrar a cobro del mismo
Estado. Sólo por orden de una entidad superior EPM puede
suministrar el servicio a una vivienda, siendo ese valor cobrado
a otro fondo”.
Para
la Personería de Medellín es urgente que los usuarios
de los servicios domiciliarios y sobre todo los desconectados sean
“entendido no como clientes sino como ciudadanos con derechos”.
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