Por: Jénifer Andrea Marín
El periodismo como arte de informar, es una de las labores más prodigiosas cuando se lleva siempre una verdadera razón y convicción para realizarla. Sin embargo, esta arriesgada pero satisfactoria profesión, siempre se ha visto sometida a sus relaciones con el poder y la política, al igual que a sus ataduras con los medios económicos y financieros, a lo que pase con la competencia que siempre estará ahí y a la audiencia que está todo el tiempo prefiriendo el morbo y lo estéticamente agradable a la vista.
La actuación de los medios de comunicación desde hace algunas décadas, es muestra de que el periodismo está atravesando una crisis en su verdadera función, pues aquella iniciativa de permitirle al otro conocer y reclamar su derecho de estar informado, ya no es sincera y real debido a las intervenciones y las manipulaciones de algunos y la decadencia de la apreciación de lo que es relevante y necesario.
Las afirmaciones del sociólogo francés Pierre Bourdieu acerca de que la televisión oculta hechos verdaderamente relevantes con otros que no lo son tanto, usando más tiempo al aire en los segundos, intencionadamente es una realidad que no es un secreto para nadie.
¿Será que eso es lo que buscan algunos noticieros del país cuando ocultan, tergiversan, manipulan y dan más información de la que deben? ¿Será que encuentran las “cortinas de humo” necesarias para engañar a la gente que no tiene otra manera de informarse? ¿Será que estamos destinados a convertirnos en consumidores de la farándula y de los intereses ocultos de los grandes poderes del mundo?
La verdad es que sí, pues por instinto los seres humanos muestran preferencia y agrado por lo que se vea más bonito, por lo que sea visto más “light”, por lo que les cause gracia y por lo que les pase a quienes consideran ídolos y “alaban como dioses en la tierra”.
Como efecto del progreso de los mundos político, económico, social, cultural y deportivo, el resultado de los retos a los que éstos se enfrentan constantemente, depende en gran parte de la estrategia de comunicación que utilicen sus actores, empresas, instituciones y entidades. Por este motivo, su influencia sobre los periodistas, tiende a incrementarse cada vez más.
Como lo decía Honoré de Balzac, "Un periódico no está hecho para esclarecer, sino para halagar las opiniones. Así, todos los periódicos serán, en un tiempo dado, cobardes, hipócritas, infames, mentirosos, asesinos, matarán las ideas, los sistemas, los hombres, y por eso mismo florecerán. Tendrán los beneficios de los entes de ficción: el mal se habrá producido sin que nadie sea culpable". Esta frase tiene algo de cierto, pues según unos determinados intereses, cada medio asume una posición y se ve obligado a defenderla como sea que tenga que hacerlo.
Además de la manipulación y la equivocada forma de llevar acabo la función periodística por parte de los grandes canales que informan como desean hacerlo, o mejor dicho, como lo desea quien está detrás del que lo haga, hay otro elemento que está haciendo que el periodismo siga decayendo en su verdadera función: la excesiva oferta y demanda de la farándula y los temas de “entretenimiento”.
Estos temas se toman la mayor parte del noticiero. En RCN por ejemplo, la sección de entretenimiento tiene más duración que cualquier otra y puede ser presentada por cualquier modelo que lea el telepronter y se vista con la ropa de los diseñadores que las usan para hacerle publicidad a sus prendas.
Conjuntamente, salen con “la cosa política”, una sección que pretende ser “seria”, en donde se presentan noticias sobre anécdotas y vivencias de integrantes del gobierno con un tono jocoso, burlón y a manera de chisme.
Una sonrisa pícara, ciertas miradas, los cambios en el tono de la voz, los movimientos de cadera y demás pantomimas usadas por Vicky Dávila al dar una noticia que se supone debería ser importante y seria, son pura y descarada estrategia del canal para pronunciar qué es lo bueno y qué es lo malo para sus propios intereses. Como si se tratara de un juicio moral y políticamente correcto.
Entonces ¿se supone que el ejercicio periodístico consiste en emitir discursos e ideologías políticas o económicas a través de mujeres estéticamente agradables a la vista que no tienen que tener un titulo como periodista o comunicadora tan siquiera? ¿Se supone que estudiar toda una carrera de periodismo o comunicación no sirve de nada sino hay una dedicación plena a engañar, manipular, vender ideas, vestirse con una falda corta o un escote y hacer guiños burlones para que el rating se eleve?
Como casi todo, el periodismo cayó en las redes de la manipulación y de la moda “light” que se está apoderando del mundo. La esencia de lo que era lograr que los periódicos llegaran a más gente en aquella época en la que comenzó el periodismo, ya no es más que una historia para contar.
Atrás quedó la figura del periodista serio y comprometido, defensor de causas nobles que ante todo, se compromete con el derecho a la información.
Por el contrario, hoy vemos personajes estereotipados que de manera extravagante y charlatana se convierten en los supuestos íconos de la seriedad y la información, replicando los hechos de manera exagerada, subjetiva, degradante y amarillista, pues sólo existe el interés de vender bienes simbólicos donde lo que se informa es guiado por unas preferencias políticas y un interés de un monopolio que convierte al ciudadano en víctima pasiva de una trama por parte de quienes poseen las tecnologías de la información y la comunicación, manipulando los pensamientos de la sociedad en general por medio de imágenes y de palabras agradables a su vista.
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