| Ingrid al olvido |
| Escrito por Carolina Corcho |
| Jueves 22 de Julio de 2010 04:17 |
|
Carolina Corcho - Analista política "(...) durante seis años Ingrid hizo un acumulado de mezquindad, refinó lo peor de sí misma, incubó una quietud, un inmovilismo espiritual, que ni siquiera la fuerza inercial de su liberación logró reactivar el espíritu luchador que la caracterizó. Y hoy asistimos a su segunda muerte, esta vez propinada por ella misma, su suicidio polìtico (...)".
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
En Colombia ocurren tantas cosas, que uno podría elaborar un escrito cada minuto sin lograr retratar la realidad nacional, justo ahora tengo muchas opiniones encontradas sobre muchos temas que no sabría ni por donde empezar un escrito. No dejan de rondar por mi mente las frases del presidente Uribe en el discurso del bicentenario; confieso que aún después de 8 años no deja de generarme asombro ese exhuberante cinismo que le tiene que asistir a un ser humano para emitir un cúmulo de metiras ante millones de espectadores. Confieso que algunas veces he mentido, pero nunca a más de una persona ni sobre mas de un tema, y sólo una mentira a la vez. Pero no voy a escribir esta vez sobre Uribe. La indignación que me embarga no me facilita hacer un análisis medianamente equilibrado y en este momento podría llegar a superarlo en visceralidad. Esta vez me voy a referir al tema de Ingrid Betancourt, podrán notar que soy de efecto retardado y sòóo hasta ahora he podido elaborar lo que ocurrió con Ingrid. No salgo de mi asombro al ver como alguien dilapida su capital polìtico y humano en una torpeza incomprensible. Debo decir que cuando vi la imagen de su liberación, supuse que se posicionaría como una gran lidereza en Colombia y el mundo, imaginaba a Ingrid tramitando su innegable dolor en una creativa y férrea lucha en defensa de las víctimas y de muchas causas del pueblo colombiano. Estuve en muchas reuniones en las que los presidenciables veían en ella una aliada para sus proyectos polìticos, era el símbolo de una lucha contra la violencia y para muchas reinividicaciones de la sociedad colombiana, y erróneamente imaginé que la sublimación como una acción creadora operaria como exorcismo de su sufrimiento. Pero no fue así, y ya no fue. Ante nuestros estupefactos ojos emergió una mujer mezquina, con el interés por su patria completamente minado; alguien que no deseaba simplemente transfornar su experiencia personal en una ganancia colectiva. Tenía todas las herramientas para hacerlo, y en vez de eso, profundiza su ya mellada imagen con el error de la demanda que intenta mostrar como una reivindicaciòn de las víctimas, con los efectos ya conocidos sobre la opinión pública, como si el secuestro hubiera hecho mella en su capacidad de raciocinio, en la capacidad de ejercer un mínimo cálculo para tener impacto en la sociedad y generar un hecho político, si fuera eso , hasta se entendería, la ausencia de estímulo intelectual, las condiciones nutricionales de la selva pueden llevar a que uno se vuelva un poco mas lento para razonar, pero existe una explicación a su acto aún mas escabrosa: durante seis años Ingrid hizo un acumulado de mezquindad, refinó lo peor de sí misma, incubó una quietud, un inmovilismo espiritual, que ni siquiera la fuerza inercial de su liberación logró reactivar el espíritu luchador que la caracterizó. Y hoy asistimos a su segunda muerte, esta vez propinada por ella misma, su suicidio polìtico, la anulación voluntaria que los colombianos haremos de su ser: el olvido, esa dolorosa metáfora de la muerte, a la que tanto aludió de manera conmovedora cuando estaba en manos de las FARC. |